Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encantaba mirarte distraído y que te hacía mío con sólo verte de lejos. Que adoraba tus lunares y tu cuello me parecía el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser.
— Estefanía Mitre

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